Sydney Johnson, el valet del duque de WindsorSydney Johnson, el valet del duque de Windsor

“Un auténtico caballero”. El chico de Bahamas que se convirtió en la mano derecha del duque de Windsor

2026/01/21 20:49

Sydney Johnson nació en 1923 en la isla de Andros, la más grande del archipiélago de Bahamas, que por entonces era colonia británica. Tenía 16 años cuando comenzó a trabajar para los Windsor. Fue designado “ayudante de playa” del gobernador en Sigrist House, la residencia oficial de Nassau. Su primer jefe fue un personaje muy particular en la historia británica: el primer duque de Windsor, quien reinó poco menos de un año como Eduardo VIII. El ex monarca había sido enviado “al otro lado del Atlántico” por decisión de Winston Churchill, quien creyó que lo más conveniente era tenerlo lejos de Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial...

Inteligente y servicial, Sydney pronto ascendió al puesto de lacayo y, para 1945, se había vuelto tan indispensable en el manejo de la casa que los duques decidieron llevarlo con ellos cuando se radicaron en París.

Se establecieron juntos en la residencia de Le Bois de Boulogne, aportada por el Estado de Francia para el exilio de aquel exrey.

Sigrist House, la residencia del duque de Windsor en Bahamas

Elegancia y estilo

El servicio para los Windsor era primordial. Especialmente para Eduardo, que había nacido príncipe, fue rey durante diez meses, y no estaba dispuesto a resignar su nivel de vida. El duque de Windsor moldeó a Sydney a su gusto, le enseñó las formas y los modales de un caballero. Bajo su ala, recibió lecciones sobre cómo elegir las mejores telas para los trajes, así como las combinaciones de colores más acertadas. No por nada, su jefe era ponderado por su estilo y era considerado como uno de los hombres más elegantes de su época. “Él sabía que era un hombre muy buen mozo, y el mundo también lo sabía. Era una de las personas más guapas que vi en mi vida”, declaró Johnson una vez.

Junto a Wallis Simpson, Eduardo VIII fue señalado como un ícono de elegancia

El lacayo fue progresando y terminó convirtiéndose el valet personal del duque de Windsor, puesto de mayor jerarquía de la residencia. Al mismo tiempo, desarrolló su vida personal: en los 60, se casó con una joven francesa.

El duque y su valet tenían su propio sistema para elegir sus looks para cada momento del día: “Conozco las camisas y todo lo que combina con esta ropa, conozco los zapatos y los calcetines -explicaba Johnson-. Toda la ropa tenía números. Yo preparaba los atuendos y el duque decía: ‘Sydney, número uno, número dos y número tres’”.

Sydney también organizaba los viajes del duque y, con el correr de los años, se convirtió en su confidente.

El guardián de los secretos

En el ambiente aristocrático en el que se movían los Windsor no reinaba la diversidad y los invitados a Le Blois solían reconocer a Johnson entre el servicio. El duque y la duquesa habían reducido al mínimo su personal por lo que, durante la temporada social parisina, Sydney desempeñaba más de una función en el hogar y se presentaba con orgullo con su chaqueta de lacayo, pulcramente adornada con galones dorados. “Siempre usaba una de estas cuando servía en una de nuestras grandes cenas”, llego a contar. En Château Le Bois se recibían visitas como el Aga Khan, estrellas de Hollywood como Elizabeth Taylor o multimillonarios como Aristóteles Onassis.

El duque de Windsor instruyó a su valet, Sydney Johnson, con todo lo que un caballero debía conocer Así se mostró la relación entre el duque de Windsor y su valet en

Biógrafo real y autor de “The Crown Dissected”, Hugo Vickers quedó impresionado por la lealtad del ayuda de cámara y así lo describió a Time: “Lo conocí en 1989, en la casa de los Windsor en París. Era un hombre adorable, con una sonrisa encantadora y gran empatía. Era evidente que sentía un gran afecto por el duque y la duquesa y hablaba de ellos con comprensión”.

El valet era uno de los pocos que conocían el verdadero sentir de los Windsor al verse rechazados por la Familia Real, autoexiliados en París, viviendo de la beneficencia del Estado francés con una corte conformada solamente por sus perros de raza pug. “El día de Navidad siempre estaban solos, solo con nosotros, el personal y nuestras familias. Los perros también corrían por ahí recogiendo regalos”, detalló Sydney a Times. “¿Cómo se llevaban?, muy bien, tomaban el té, se reían y charlaban”, detalló Johnson, uno de los pocos al tanto de la intimidad de los Windsor.

Johnson al cuidado de los perros de los Windsor

El valet también fue testigo de cómo la salud del duque, que sufría de cáncer de larigne, desmejoró. Lo acompañó hasta su muerte, en la madrugada del domingo 28 de mayo de 1972. El biógrafo real Andrew Morton, escribió que el ayuda de cámara estuvo a su lado hasta el su último respiro. Incluso sirvió al duque después de su muerte...

En 1989, en una entrevista a The New York Times, Johnson recordó los días en que sus restos fueron trasladados a Inglaterra: “recuerdo que vinieron a embalsamarlo y elegí un traje para que se lo pusieran –explicó-. Pero me dijeron que no, que no llevaría nada. ‘Se va tal y como vino’, eso me dijeron”. Sydney Johnson fue una de las catorce personas que asistieron al entierro del exrey en Frogmore.

El duque de Windsor apreció su lealtad. Ya en vida le había entregado a Sydney una parcela de tierra considerable en Bahamas, donde algún día pudiese construir su hogar. Y al morir legó a su valet una suma equivalente a 30.000 dólares como gesto de gratitud. Johnson fue una de las pocas personas en beneficiarse de su patrimonio privado.

El valet explica el sistema que tenían con el duque para elegir sus outfits.

“Un verdadero gentleman”

El leal valet del duque de Windsor tiene lugar en “The Crown”, la popular serie de Netflix que refleja la vida de la Familia Real británica. El personaje de Sydney hace su aparición en la tercera temporada, pero toma preponderancia en el cuarto episodio de la quinta temporada, que está dedicado a la familia Al-Fayed. ¿Cómo Sydney terminó allí? Los biógrafos de los Windsor aseguran que el cariño que el duque sentía por su ayuda de cámara no era compartido por su viuda, Wallis Simpson, por lo que apenas un año después de la muerte de quien fuera Eduardo VIII, la relación de Sydney con la duquesa comenzó a deteriorarse.

La situación empeoró aún más cuando murió la mujer de Sydney. Simpson, quien ya padecía arterioesclerosis, se mostraba resentida al ver que Sydney priorizaba el cuidado de sus cuatro hijos a sus labores en la casa y las rutinas con los perros.

La vida de Sydney Johnson llamó la atención de los productores de

Están quienes dicen que la partida de Johnson fue consecuencia de recortes económicos en la residencia, pero Hugo Vickers, autor de “El mundo privado del duque y la duquesa de Windsor”, asegura lo contrario. “La duquesa quería despedirlo. La esposa de Johnson falleció y él pidió más tiempo libre para cuidar a sus hijos y ella lo despidió”.

En su libro, “Rey Traidor: el escandaloso exilio de los Duques de Windsor”, el biógrafo real Andrew Lownie coincide y narra un ida y vuelta entre ellos: donde el valet solicita permiso para retirarse a las 5 PM dado que tenía quien cuidara de sus hijos y genera el ultimátum de Wallis Simpson: “Si te vas, entonces no vuelvas”. Así fue como, en 1973, Sydney Johnson se fue, dejando atrás 33 años de servicio.

Se cree que una de sus siguientes empleadoras fue lady Glover, una muy amiga de la ex Primera Ministra Margaret Thatcher, y que el ayuda de cámara del duque de Windsor también estuvo al servicio del Sultán de Brunei. Lo cierto es que, para 1977, Johnson consiguió trabajo en el legendario hotel Ritz de París y se desempeñaba como camarero allí hasta que una noche de 1979 llamó la atención del mismísimo Mohamed Al–Fayed.

En

El multimillonario acababa de adquirir el hotel, planeaba invertir cincuenta millones de dólares en su renovación, y en un principio se mostró irritado tras una primera impresión, pero al enterarse de que Sydney había servido tantos años a la realeza, lo mandó a buscar, fascinado. La ficción de “The Crown” cuenta que Al-Fayed le preguntó:

-¿Es verdad que solías trabajar para el rey de Inglaterra?

-Trabajé con su Alteza Real, el duque de Windsor, luego de que abdicara al Trono como el rey Eduardo VIII, corrigió él apropiadamente Sydney.

El egipcio Al-Fayed, devoto del imperio británico, ansiaba abrirse camino en ese mundo y, si bien su dinero le permitía acceder a ciertos círculos, era consciente que eso no era lo mismo que ser aceptado. Despreciado por la alta sociedad, Al-Fayed encontró en Sydney, un gran conocedor de las formas, estatus y protocolos, su llave de ingreso. El millonario entendía que el servicio, con sus modales y tradiciones, era un gran pilar a la hora de mantener al sistema de la realeza activo.

Nace Villa Windsor

El multimillonario egipcio se dejó asesorar por el valet “sin redenciales sociales”. Y convirtió a Johnson en su valet personal, su asesor en etiqueta real, su arma secreta. El valet del duque de Windsor, de 62 años, asesoró a Al-Fayed sobre ese sutil mundo del refinamiento, desde cómo posar, presentarse o servir sus bebidas.

“Sydney es un diccionario”, declaró el Al-Fayed a The New York Times. En su afán por convertirse en un “verdadero caballero inglés”, en 1985 el magnate egipcio compró las magníficas tiendas Harrods.

 “Sydney es un diccionario”, declaró Mohamed Al-Fayed

Johnson tuvo mucho que ver con la siguiente acción de su nuevo jefe. A sabiendas del afán del A-Fayed por subir en la escala social y agradar a la Familia Real, Sydney le deslizó la idea de adquirir Château Le Bois, la residencia del duque en París, y convertirla en un memorial, como un “regalo para la Familia Real británica”. Pero, aunque postrada y lejos del ojo público, su antigua jefa vivía allí.

Al-Fayed no perdió el tiempo y, en 1986, apenas la duquesa murió, rentó Le Bois por un período de veinticinco años. La residencia estaba irreconocible pero, dispuesto a devolverle el glamour de antaño, Mohamed Al-Fayed la hizo llamar Villa Windsor y puso al antiguo ayuda de cámara a cargo de la restauración. Había comprado las existencias de la residencia de quien fuera rey de Inglaterra, incluidas muchas piezas y guardarropas. Convirtió la residencia en un museo privado de los Windsor, un lugar para ser visitado exclusivamente por “historiadores, miembros de la Familia Real británica, personalidades, amigos e invitados importantes del Ritz”, según dijo Al-Fayed.

Villa Windsor y trabajo de renovación terminado en

La renovación tardó tres años y tuvo un costo aproximado de 14,4 millones de dólares. Finalmente, el 10 de diciembre de 1989, la residencia volvió a abrir sus puertas con una fiesta para 200 invitados especiales. Sydney Johnson estaba extasiado, en su día de gloria. The New York Times cuenta que el valet realizó un recorrido completo por la lujosa casa con la prensa, mencionando las tradiciones navideñas de sus antiguos empleadores, su amor por los perros pug así como su ropa favorita.

Orgulloso de su obra, Sydney llegó a reencontrarse con el mayordomo y la mucama de los Windsor, George y Ofelia Saegre

Volvió a vestir su traje de valet. “Siempre solía usar uno de estos cuando servía en una de nuestras grandes cenas”, dijo. Cuando le preguntaron qué sentía al ver a su antiguo hogar como en sus años de gloria, respondió: “Me siento en la cima del mundo. La restauración es tan auténtica que espero ver a la duquesa bajando la escalera preguntando: ‘¿Qué tal estoy?’”.

El 17 de enero de 1990, a semanas de la fiesta de reapertura de Villa Windsor, Sydney Johnson murió en París por causas naturales. Tenía 69 años. Su jefe y amigo, Mohamed Al-Fayed dijo: “Era un auténtico caballero. Lo echaremos mucho de menos”.

En Villa Windsor, Sydney Johnson recibió a todo tipo de celebridades. Como Joan Collins quien próximamente protagonizará la serie basada en Wallis Simpson En Netflix, se muestra la tumba de quien fuera la persona de confianza del Eduardo VIII:
Oportunidad de mercado
Logo de ELYSIA
Precio de ELYSIA(EL)
$0.002437
$0.002437$0.002437
+0.95%
USD
Gráfico de precios en vivo de ELYSIA (EL)
Aviso legal: Los artículos republicados en este sitio provienen de plataformas públicas y se ofrecen únicamente con fines informativos. No reflejan necesariamente la opinión de MEXC. Todos los derechos pertenecen a los autores originales. Si consideras que algún contenido infringe derechos de terceros, comunícate a la dirección service@support.mexc.com para solicitar su eliminación. MEXC no garantiza la exactitud, la integridad ni la actualidad del contenido y no se responsabiliza por acciones tomadas en función de la información proporcionada. El contenido no constituye asesoría financiera, legal ni profesional, ni debe interpretarse como recomendación o respaldo por parte de MEXC.