Estos días, por varias situaciones, he estado pensando mucho sobre la congruencia entre lo que pensamos, decimos y hacemos. Es un pensamiento que me heredó mi pEstos días, por varias situaciones, he estado pensando mucho sobre la congruencia entre lo que pensamos, decimos y hacemos. Es un pensamiento que me heredó mi p

Reflexiones sobre la congruencia en la vida y las finanzas (Parte 1 de 2)

Estos días, por varias situaciones, he estado pensando mucho sobre la congruencia entre lo que pensamos, decimos y hacemos. Es un pensamiento que me heredó mi padre. Él muchas veces señalaba que la gente es muy incongruente y eso genera muchos conflictos.

En mi experiencia, no le faltaba razón. Me he podido dar cuenta que muchos problemas tienen que ver precisamente con eso.

Por ejemplo, hay personas que me ha dicho que desean una vida sin preocupaciones económicas. Envidian a quienes tienen más dinero y una seguridad financiera. Les gustaría vivir así.

Pero hacen exactamente lo contrario: gastan hasta lo que no tienen, viven endeudados, siempre con cuentas por pagar y eso les impide ahorrar.

Eso pasa mucho en la clase media, no sólo en México sino en todo el mundo. Son personas que por su nivel de ingresos, ya tienen cierta capacidad económica. Pueden pagar una pantalla plana o irse de viaje a meses sin intereses. Les alcanza para pagar la mensualidad de un coche de lujo con un crédito de cinco años. Y lo hacen, a veces de manera demasiado alegre (sin pensarlo antes, sin medir las consecuencias).

He visto personas que realmente ganan muy bien, que podrían formar un patrimonio pero que en realidad lo deben todo.

En este espacio he contado varios casos al respecto. Uno que me viene a la mente es el de un alto directivo de una trasnacional norteamericana, que perdió su trabajo tras una fusión. Le dieron su liquidación de ley, además de un fondo de ahorro para el retiro. Tenía también opciones de acciones que pudo ejercer. En total se fue con varios millones de pesos en la bolsa.

Él pensó que con eso ya la hacía al menos hasta recibir su pensión. Pero ese dinero se le acabó en menos de un año. No había tomado en cuenta que debía parte de la casa, dos coches, varias tarjetas de crédito y además se había comprometido a pagar la boda de su hija.

No tenía otros ahorros. No tenía nada. Me enteré porque acudió a mí para que le ayudara con contactos dentro de la empresa donde yo trabajaba. Estaba buscando colocarse a un nivel como el que tenía antes y ya se estaba quedando sin opciones. Se le estaba acabando el tiempo.

Recuerdo también el caso de una chica extranjera, que vino a México con un contrato de expatriada para abrir una sucursal de la empresa de publicidad en la que trabajaba. Ganaba una cantidad de dinero envidiable.

Pero estaba en una situación financiera desesperada. Tenía varias tarjetas hasta el tope, dos créditos de nómina y otros compromisos que le representaban más del 60% de su ingreso neto mensual. Le quedaba apenas para pagar la renta y poco más.

Ella sí tenía unos cuantos ahorros, pero no inversiones. Estaban en la forma de seguros de vida dotales, que también le generaban un compromiso financiero elevado y no le iban a dar, ni remotamente, los rendimientos que le vendieron. Como he explicado, estos productos ofrecen un rendimiento real, en el mejor de los casos, ligeramente superior a la inflación (pero hay casos que ni siquiera eso: implican un rendimiento real negativo). Los agentes de seguros los venden precisamente haciendo proyecciones de inflación, lo que genera la ilusión de que se recibirá mucho más en el futuro.

Estos son dos casos de personas que ganaban muy bien y parecía que tenían mucho, pero en realidad lo debían todo. Su “seguridad financiera” no era más que una ilusión. Esto es una incongruencia muy grande.

Muchas personas tienen capacidad de crear patrimonio. Pero no se enfocan en construirlo. Ellos mismos piensan que no la tienen, porque se han acostumbrado a un nivel de vida que simplemente no pueden pagar. Ganan muy bien y a pesar de eso, gastan más de lo que ganan. Pero tienen viajes, coches y cosas lindas, que si no tienen cuidado, se pueden ir más rápido que como llegaron (o convertirse en una gran carga).

Siempre he dicho que las finanzas personales son eso: personales, porque aunque los conceptos son muy simples, su aplicación no lo es tanto porque influyen mucho los deseos, los hábitos, los prejuicios, los sentimientos y todo ello que nos hace humanos.

Todos sabemos cuál es el secreto para construir un patrimonio a largo plazo: ahorrar una parte de lo que uno gana e invertir eso en instrumentos que puedan generar un rendimiento real (arriba de la inflación) con el tiempo.

Pero decirlo y hacerlo son dos cosas distintas.

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