En 2025, la administración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, deportó a cientos de miles de migrantes, entre ellos ciudadanos cubanos. A diferencia de la política aplicada con los cubanos durante gran parte del siglo pasado y en las últimas dos décadas, la gestión actual avanza con un nivel inédito de expulsiones. Hasta el momento, se registraron más de 1600 repatriaciones.
Debido a su cercanía geográfica, los migrantes procedentes de Cuba forman uno de los grupos más predominantes de extranjeros en Florida. Tras décadas de amparo bajo leyes especiales, en el segundo mandato de Trump la realidad cambió drásticamente y muchos fueron expulsados, según muestra un informe de The New York Times.
Las normas que durante décadas protegieron a los cubanos de la deportación se consolidaron tras el exilio provocado por la Revolución de 1959, a partir de disposiciones como la Ley de Ajuste Cubano de 1966. En el marco del plan de expulsiones masivas impulsado por Trump, esas protecciones perdieron eficacia práctica.
En 2025, según indicó el Ministerio del Interior de Cuba, se completaron más de 1600 deportaciones de Estados Unidos hacia la isla. De acuerdo con The New York Times, las cifras son mayores respecto a los cubanos que fueron expulsados por tierra a México.
Muchos de los migrantes residían hace varios años en Estados Unidos y habían formado familias, pero fueron expulsados por condenas penales antiguas.
En Florida, la situación es aún más dramática, debido a que el estado posee la comunidad más grande de inmigrantes de este país. Familias que anteriormente se sentían alejadas de las operaciones migratorias, hoy se encuentran vulnerables.
En tanto, a algunos floridanos les preocupa que las deportaciones masivas puedan erosionar la histórica tradición cubana del estado y generen divisiones entre los migrantes más antiguos y los más recientes.
El Estado del Sol tenía una población de 1,6 millones de residentes de esta ascendencia (7,1% de los 21,9 millones de habitantes del estado) en 2025, según un informe de Neilsberg. Esto constituye el 63,5% de la población cubana total del país de 2,5 millones, y refleja la fuerte conexión entre la isla y la jurisdicción del sureste estadounidense.
Muchos de los cubanos cuya situación migratoria es irregular también fueron retenidos durante semanas o meses en centros de detención como Alligator Alcatraz.
En Krome, un recinto cercano utilizado por las autoridades migratorias, los residentes oriundos de este país caribeño protestaron en junio. Durante aquella manifestación, escribieron “SOS Cuba” en sus camisetas y deletrearon “SOS” con sus cuerpos en el patio.
Junto con las detenciones y las deportaciones, el gobierno cerró las vías de inmigración legal que antes funcionaban de manera regular. A mediados de diciembre, Trump promulgó una prohibición de entrada a 19 países, entre los que se encontraba Cuba.
Durante el mismo mes, la administración suspendió todos los casos de inmigración de personas de esta ascendencia. Entre estos se incluyen las solicitudes pendientes de naturalización, residencia y asilo.
A su vez, a principios de 2026 emitió una suspensión para la emisión de visas de inmigración para 75 países, entre los que se encuentra la isla, que entró en vigor este 21 de enero.
María José Espinosa, directora ejecutiva del Center for Engagement and Advocacy in the Americas, calificó el escenario como “el retroceso más amplio de los canales migratorios cubanos desde la Guerra Fría”.
Así como muchos migrantes procedentes de la isla fueron deportados, otros están sumidos en un profundo temor por encontrarse en un limbo migratorio.
Esto se debe a que en los últimos años varios cubanos ingresaron a EE.UU. bajo el formulario I-220A, que no conduce a un acceso automático a la residencia como sí lo hace la Ley de Ajuste Cubano de 1966.
Este documento funciona como una orden de liberación bajo palabra dentro de un proceso migratorio en curso. Suele incluir ciertos requisitos y condiciones a cambio de ser liberado, como asistir a audiencias en el tribunal de inmigración.
Por este motivo, muchos de los cubanos que entraron al país norteamericano no pudieron continuar con su proceso en la justicia.
En la actualidad, enfrentan un panorama complejo para residir y obtener trabajo legal, con solicitudes de asilo pendientes con fechas de audiencia fijadas para dentro de varios años, y una fuerte incertidumbre frente a las intensas redadas que afectan al país.


