La siguiente información es clasificada como ultra secreta. Jaime (léase “Jeimy”) Sommers. Sexo: Femenino. Edad: 28 años. Empleo anterior: Tenista profesional. Empleo actual: Maestra de escuela. Gravedad extrema por accidente en paracaídas. Daños sufridos en ambas piernas, brazo derecho y oído derecho. Se procederá a un reemplazo biónico autorizado por Oscar Goldman. Costo estimado: Clasificado. Reemplazos biónicos concluidos.
Con estas palabras, pronunciadas con cadencia administrativa, una de las más grandes superheroínas de todos los tiempos entró a la historia grande de la TV. “Siempre vi a La Mujer Biónica como un medio de comunicación -analizó Lindsay Wagner, protagonista absoluta de la serie que festeja sus primeros 50 años de vida-. Cada una de sus historias buscaba explorar y comprender nuestro potencial humano para sobreponernos a las circunstancias y trascender las tragedias personales. Desde ese lugar abordamos el rol de la mujer, el abuso infantil, la violencia doméstica y el terrorismo, entre otras temáticas ausentes en la televisión de la época”.
Nada mal para un personaje prescindible, creado para humanizar la cibernética naturaleza de su hombre (nuclear) y morir con la tarea cumplida.
Alto rating, fenómeno de merchandising e icono cultural. Desde su estreno en 1974, la serie de El Hombre Nuclear le daba excelentes resultados a la cadena televisiva ABC. Cada domingo a la noche, la familia se sentaba frente al televisor para ver la nueva aventura de Steve Austin, los muñecos articulados se agotaban en las jugueterías y millones de chicos se movían en cámara lenta mientras imitaban el característico chillido electrónico que identificaba al superhéroe del momento. En medio de la fiesta, sin embargo, al productor y guionista Kenneth Johnson había algo que no le terminaba de cerrar. Los estudios de mercado señalaban que el Hombre Nuclear era mayoritariamente percibido como un robot y no como un ser humano.
“Yo creo que la ciencia ficción funciona cuando realza la humanidad de las personas y no cuando pone el acento en los adelantos tecnológicos -sostenía el futuro productor de El increíble Hulk y V: Invasión Extraterrestre-. Por eso propuse sumarle una pareja romántica a Steve Austin. Si existía La novia de Frankenstein, ¿por qué no podía existir la novia del Hombre Nuclear? Logré que aceptaran la propuesta y me puse a trabajar”.
Abocado personalmente a la tarea, Johnson se leyó de un tirón Cyborg, la novela de Martin Caidin que servía de base a la serie protagonizada por Lee Majors. Y como no encontró ningún signo de vida romántica en el protagonista, decidió inventarla desde cero. Popular tenista estadounidense, Jaime Sommers había quedado huérfana en la adolescencia. Criada por la madre y el padre adoptivo de Steve Austin, creció en la pequeña ciudad agrícola de Ojai (California), donde terminó enamorándose del futuro Hombre Nuclear antes de que sus caminos profesionales los separaran.
Al reencontrarse como adultos, retomaron la relación y pusieron fecha para el casamiento. Pero la tragedia llamó a la puerta y, mientras disfrutaban de un salto en paracaídas, el dispositivo de Jaime no funcionó correctamente y ella terminó gravemente herida. Transformada en Mujer Biónica, quedó obligada a prestar servicios a la Oficina de Inteligencia Científica (OIC), entidad gubernamental secreta a la que pertenecía el Hombre Nuclear, bajo las órdenes de Oscar Goldman. Después de la primera misión, el cuerpo de Jaime empezó a rechazar los implantes biónicos. Sometida a una operación de urgencia, terminaba muriendo en la sala de operaciones. Llorando su pérdida, Steve Austin desnudaba su humanidad ante las cámaras y todo el mundo quedaba contento.
“ABC intentó contratar a Sally Field -recordó Johnson-, pero ella no estuvo interesada. La segunda opción fue Stephanie Powers (La Chica de C.I.P.O.L. y Los Hart), que tampoco aceptó. Ahí fue cuando propuse a Lindsay Wagner, una actriz desconocida a la que había visto en un episodio de Archivo confidencial, con una labor estupenda. Además, era muy atractiva, dueña de una belleza real que le escapaba al canon hollywoodense. Por eso era perfecta para el papel, porque podía representar a una superheroína y a una mujer accesible y cercana, la chica de al lado de casa”.
Para sorpresa de todos, Lindsay Wagner rechazó la propuesta. “No quería hacer ciencia ficción -aseguró la actriz-, quería hacer drama. Y si era drama con perspectiva feminista, mucho mejor. Quería interpretar a una mujer, no a un hombre con faldas”. Por suerte, la madre de Wagner intervino y saldó la cuestión. “Me dijo que no podía negarme porque El Hombre Nuclear era la serie favorita de mi hermana menor. Y no me negué”.
Presente durante todo el rodaje, Johnson se dio cuenta que allí había algo mucho más grande que un episodio de El Hombre Nuclear. Se juntó con los directivos de ABC para intentar modificar el final y que Jaime Sommers no muriera. Defendió su postura con la idea de un spin-off que expandiera el universo de paladines biónicos, pero fue en vano. “No estuvieron de acuerdo -reveló-. Me dijeron que las series de ciencia ficción protagonizadas por mujeres no funcionaban”. Dividido en dos entregas, “La Mujer Biónica” se emitió el 16 y el 23 de marzo de 1975, como episodios 19 y 20 de la segunda temporada de El Hombre Nuclear. Tal como estaba pautado, Jaime Sommers murió al final. Pero no todo el mundo quedó contento.
Una semana después, el ambiente en las oficinas de ABC estaba caldeado. Las recepcionistas no daban abasto para atender el teléfono; y las cartas amenazaban con inundar las instalaciones. “Tuvimos tres veces más comunicaciones de las que solíamos tener después de cada emisión -reconoció Johnson-. El 90% de los nuevos mensajes habían sido mandados por mujeres, muy enojadas por el trato que le habíamos dado a Jaime Sommers. De repente, pudimos dimensionar un público al que no le estábamos prestando atención”.
La respuesta era obvia. Había que revivir a la Mujer Biónica. Y cuánto antes, mejor. Haciéndose cargo, Johnson escribió los dos episodios dobles que instalarían definitivamente a Jaime Sommers: “El regreso de la Mujer Biónica” y “Bienvenida a casa, Jaime”. Inmediatamente después de su muerte, el cuerpo de Sommers había sido criogenado y resucitado por el Dr. Rudy Wells. El proceso científico fue un éxito, pero Jaime
perdió su memoria. Con la ayuda de Steve Austin, la Mujer Biónica se mudaba a Ojai y, ya instalada en la casa de los padres del Hombre Nuclear, empezaba a trabajar como maestra en la escuela de una base aérea militar. Terminaba por recuperar sus recuerdos y pasaba a desempeñarse como agente especial de la OIC. “Ahí arrancaba la serie propia de la Mujer Biónica -confió Johnson-. O debía arrancar, porque otra vez descartaron la idea. Los estudios que habíamos encargado demostraban, muy claramente, el interés del público femenino y masculino por el proyecto, pero la gerencia de ABC fue inflexible”.
¿Por qué tantas negativas? Extraoficialmente se habló siempre de una dirigencia ultraconservadora, enfrentada culturalmente al empoderamiento femenino que crecía en las calles. “Habría que pensar por qué nunca se dijo cuánto costó reconstruir a Jaime -analizó Wagner-. Estaba muy claro cuánto dinero habían invertido en Steve Austin (el título original en inglés de El Hombre Nuclear era El hombre de los 6 millones de dólares), pero el monto destinado a Jaime Sommers fue tratado como ‘información clasificada’. Para mí, fue una cuestión de política empresarial frente a la fuerza que mostraba el movimiento feminista en ese entonces. No se animaban a decir que la mujer había costado menos que el hombre; y nunca hubieran permitido que costara lo mismo o más”.
Apostando fuerte, Johnson pautó la emisión de “El regreso de la Mujer Biónica” como apertura de la tercera temporada de El Hombre Nuclear. El rating le respondió. Las emisiones del 14 y 21 de septiembre de 1975 fueron las más vistas de la serie hasta ese momento. La empresa de juguetes Kenner, que venía fabricando los muñecos articulados de El Hombre Nuclear, se mostró muy interesada en producir la muñeca de Jaime Sommers y un set de salón de belleza, para pelearle mano a mano el mercado a Barbie. “No me di por vencido e insistí con la serie de la Mujer Biónica -aseguró el productor-. Y esta vez me dijeron que sí”.
Lindsay Wagner también impuso sus condiciones. “Para mí, era muy importante mostrar su lado humano -afirmó-. Jaime no venía de otro planeta, era una mujer con miembros artificiales porque la tecnología de la época se lo había permitido. Tenía poderes pero no quería que fuera todopoderosa. No podía depender de su fuerza física, sus logros tenían que surgir de su cabeza y de su corazón. Su principal superpoder tenía que ser su capacidad para analizar las situaciones con una perspectiva más amplia y compleja, superadora de las dicotomías bueno-malo y blanco-negro. Trabajé con los guionistas para asegurarme que Jaime tomara sus decisiones desde una mentalidad femenina en lugar de una masculina”.
Por cuestiones de lógica narrativa interna, se decidió que “Bienvenida a casa, Jaime” no formara parte de la tercera temporada de El Hombre Nuclear y se transformara en el inicio formal de La Mujer Biónica, título definitivo del spin-off. Al lado de Wagner, la serie incluiría los protagónicos de Richard Anderson (Oscar Goldman) y Martin E. Brooks (Dr. Rudy Wells), personajes recurrentes de El Hombre Nuclear; y una serie de apariciones puntuales de Lee Majors como Steve Austin. Con el rodaje terminado y la edición muy avanzada, ABC borró a La Mujer Biónica de su grilla de lanzamientos para la temporada alta de estrenos, rebajándola a la categoría de “reemplazo de mitad de temporada”, eufemismo técnico para identificar a una producción de bajo perfil mediático y escasas perspectivas de renovación. Un relleno de corta vida, destinado a tapar el bache que dejaba el levantamiento de una serie sin éxito. En este caso, una comedia sobre Robin Hood a la que le había ido, realmente, muy mal.
La Mujer Biónica (The Bionic Woman) se estrenó el 14 de enero de 1976 a las 20:30 horas. “Fue un éxito instantáneo y absoluto -reveló Wagner-. En un par de semanas ya no podía salir de mi casa sin que la gente se agolpara a mi alrededor. Y con el tiempo, me enteré de que el nombre Lindsay se había puesto de moda entre las recién nacidas”. La serie duplicó y hasta triplicó el encendido de El Hombre Nuclear, llevando a que Wagner grabara un par de cameos junto con Lee Majors para trasladar espectadores de un programa al otro. A pesar de tener pantalla sólo durante cuatro meses, La Mujer Biónica terminó siendo el quinto programa más visto del año en los EE.UU., por encima de El Hombre Nuclear, relegado al noveno lugar después de un año entero en el aire.
Según Johnson, “para la segunda temporada contamos con más presupuesto y el pedido expreso de profundizar la relación entre ambos títulos”. El cruce de personajes evolucionó al cruce de líneas narrativas, algo inédito hasta entonces en la TV estadounidense. La aventura que empezaba en un episodio de La Mujer Biónica continuaba y se resolvía en un capítulo de El Hombre Nuclear, o viceversa. Y no sólo eso, cuando se mostraban juntos, Jaime Sommers y Steve Austin lo hacían en igualdad de condiciones. “Demostramos que la fuerza y la sensibilidad van de la mano y no son opuestos. Está bien que un hombre exhiba sus emociones y que una mujer haga gala de su fortaleza física”, aseguró Wagner.
La serie galvanizó su estatus de clásico con un par de sagas históricas, que aún hoy son recordadas con fervor por los fanáticos. Por un lado, con la irrupción de los robots malvados con forma de mujer bautizados como Fembots, el programa encontró la clase de archienemigos que merecía; y que serían homenajeados décadas más tarde en sendos episodios de Los Simpsons y las películas de Austin Powers. Por otra parte, la expresa opción de Jaime por el respeto a toda forma de vida, la no violencia, la aceptación de las diferencias y la necesidad de políticas públicas que atendieran la salud mental de las personas, le granjeó a Wagner un Premio Emmy a la Mejor Actriz Protagónica en Drama, mojón absoluto para una serie de ciencia ficción.
“Sin darnos cuenta, nos convertimos en un faro de esperanza para las minorías -anotó Johnson-. Cientos de amputados y personas con discapacidad nos escribían para contarnos cómo la resiliencia de Jaime les servía de ejemplo para replicarlo en sus vidas. Miembros de la comunidad LGBTIQ nos hicieron saber que Jaime representaba como nadie la vulnerabilidad y la determinación que habían marcado sus historias personales de superación frente al desprecio y la incomprensión social. Esa era la gente que no habíamos visto y nos estaba viendo atentamente”.
A pesar de estos logros y de mantenerse en el top 20 de los programas más sintonizados del país, la serie fue cancelada por ABC. Fred Silverman, presidente de la cadena televisiva, dio la orden de manera personal, esgrimiendo que La Mujer Biónica ya no atraía al perfil socio-demográfico de espectadores que le interesaba a la compañía. Sin despedirse de sus seguidores, Jaime Sommers culminó su andadura el 4 de mayo de 1977.
La noticia cayó como una bomba atómica sobre Johnson y Wagner. Con la tercera temporada en avanzado estado de producción, se sentaron a la mesa de Silverman. No torcieron su voluntad, pero lograron un acuerdo que les permitió mudar la serie a la cadena NBC, eliminando cualquier tipo de mención al Hombre Nuclear y manteniendo la presencia de Oscar Goldman y el Dr. Wells. Por esta curiosa pirueta legal, Richard Anderson y Martin
E. Brooks se convirtieron en los primeros actores en interpretar al mismo personaje en dos series distintas, emitidas en simultáneo por dos cadenas diferentes.
“Estábamos tan preocupados por mantenernos en el aire, que descuidamos lo más importante que teníamos, la identidad del programa”, se sinceró Johnson. Bajo el paraguas de NBC, La Mujer Biónica relegó el aspecto humano a la explotación de la aventura cibernética, sumando de entrada la innecesaria figura de Max, el perro biónico. Las tramas se volvieron mucho más maniqueas y explícitas a la hora de definir buenos y malos, incorporando un grado de paranoia extraterrestre y anticomunismo soviético. En el tiempo que le quedaba libre, Jaime Sommers encontró un nuevo interés romántico en Chris Williams (a cargo de Christopher Stone), agente de la CIA y colaborador de la OIC.
El apoyo popular fue menguando. Desde su desembarco en NBC el 10 de septiembre de 1977, la pantalla se fue enfriando cada vez más. Cuando la caída era irreversible, todos coincidieron en que había llegado el momento de despedirse. “Quisimos hacerle justicia a Jaime y, al mismo tiempo, dar un mensaje a la sociedad”, explicó Wagner. En el último episodio, cansada de sentirse propiedad de la OIC y el Gobierno de los EE.UU., sin derecho a decidir sobre su vida y sus actividades, Jaime se planta frente a las estructuras de poder y acuerda un trato personal y laboral que priorice sus necesidades y elecciones personales. Firmando definitivamente las pases entre su humanidad y la tecnología, con tres temporadas y 58 episodios, La Mujer Biónica se retiró el 13 de mayo de 1978, tres meses después de que ABC levantara El Hombre Nuclear por bajo rating.
Unidos para siempre en el inconsciente colectivo, Lee Majors y Lindsay Wagner retomaron sus clásicos personajes en dos telefilmes para la NBC y un especial final para la CBS: The Return of the Six Million Dollar Man and the Bionic Woman (17 de mayo de 1987), Bionic Showdown (30 de abril de 1989) y Bionic Ever After? (29 de noviembre de 1994). Mero ejercicio de nostalgia, la trilogía formalizó el postergado casamiento del Hombre Nuclear y la Mujer Biónica, para alegría de los fanáticos. “50 años atrás, de manera consciente, postulamos que la igualdad entre hombres y mujeres no sólo era deseable, sino posible -declaró Wagner-. Y si esta idea dejó de ser patrimonio de la ciencia ficción, es porque Jaime Sommers hizo bien su trabajo. Pero el mérito real es de los espectadores. Sin su integridad y compromiso, nada hubiera cambiado”.

