“Ante el nido vacío y siendo un matrimonio de más de 60, decidimos encarar el desafío de construir nuestra casa desde cero y a nuestro gusto. Muchos nos decían que era una locura, pero −mirando atrás− nunca lo dudamos”, nos contaron la arquitecta y artista plástica Patricia Pelliccioni y su marido, el ingeniero Jorge Young.
Por 20 años, el matrimonio vivió en una casa de techo de tejas con jardín, pileta y mascotas; entonces la alternativa viable era mudarse a un departamento amplio con amenities, vista al río y sin mayores complicaciones. Cuando estuvo terminado, ambos se miraron y supieron que ese no era su lugar.
Pero inesperadamente apareció uno, a una cuadra de la casa donde aún vivían. Demolieron casi todo lo existente y dejaron intacto un roble de 60 años que hoy es la singularidad del jardín. Patricia no tenía experiencia en proyectos de gran escala, por lo que decidió apoyarse en un amigo: el arquitecto Gastón Marín, junto a su socio Lucas Grande (Estudio MGAA).
“Gracias al trabajo excepcional de la paisajista Laura Trotti, el jardín se transformó en el edén selvático que queríamos: con un imponente roble como eje, un jardín central y hasta una huerta. El verde entra en cada rincón de la casa”, contaron los dueños de casa.
“Para el dormitorio principal quería una pared distinta, que funcionara como respaldo visual. Dudé entre verde y azul y, tras varias pruebas, elegí el azul perfecto para el espacio”.


