The Hollywood Reporter publicó una entrevista exclusiva con el exmagnate de la producción de películas de Hollywood, Harvey Weinstein, preso en Rikers, la famosa prisión situada en una isla de Queens, por casos de abuso.
En los últimos años, el productor de 73 años, ha estado hospitalizado por una larga lista de enfermedades: diabetes, una operación de corazón y cáncer. La estenosis espinal que padece lo mantiene en silla de ruedas la mayor parte del tiempo. Debido a sus dolencias, se encuentra recluido en una unidad médica de la cárcel, aislado del resto de la población. Y por motivos de seguridad, permanece confinado en su celda 23 horas al día.
Maer Roshan, editor jefe de The Hollywood Reporter, fue quien asumió el compromiso de adentrarse en esa prisión de alta seguridad, para mantener 60 minutos de charla con quien había conocido hace más de un cuarto de siglo, cuando era un personaje central en la trastienda de Hollywood.
“En aquel entonces, en la cúspide de su carrera, Harvey solía recibir un pase libre por su comportamiento atroz. Era un productor de Hollywood de primera línea con influencias en revistas, teatro, publicaciones y política. Se codeaba con primeros ministros y presidentes. Luego, en 2017, una serie de artículos taquilleros —en The New York Times y The New Yorker— revelaron su historial de acoso y abuso sexual, precipitando su vertiginosa caída en desgracia", enumera Maer Roshan, antes de exponer su charla con Weinstein.
“Con el paso de los años, mientras su caso dominaba las noticias y desencadenaba un movimiento que derribó a decenas de otros hombres prominentes acusados de abuso, no pude evitar preguntarme qué habría sido del viejo Harvey. ¿Acaso todos esos juicios y desgracias públicas habían atenuado su arrogancia? ¿Qué lecciones había aprendido de su revés? ¿Cómo evaluaba el legado manchado que tanto le había costado construir? ¿Y qué hacía todo el día?“, continúa.
El periodista describe con minuciosidad a ese hombre que recordaba y este otro con el que se encontraba en los primeros días de 2026. Ese que llevaba 23 horas del día a la sombra, y que no tenía prácticamente contacto con otros reclusos; solo con el personal carcelario. No ahorró en preguntas. Y Weinstein no ahorró en respuestas, durante una charla rodeada de funcionarios de la prisión, en las que habló de su vida entre rejas y de los motivos por los que se encuentra detenido. Admitió excesos, pero no abusos y se victimizó al considerarse un imbécil.
Desde finales de la década pasada, un centenar de mujeres lo acusó de conductas sexuales inapropiadas. En 2020, recibió en Nueva York su primera condena, que fue revocada por cuestiones procesales. Un centenar de mujeres lo acusó desde entonces. En 2023, en Los Ángeles, recibió otra condena, por violación y otros delitos.
“Lo diré hoy: les pido disculpas a esas mujeres. Lo siento. No debería haber estado con ellas desde el principio. Las engañé”. Esta es una de las frases centrales de la entrevista. Aunque esa contundencia luego es morigerada por otros comentarios.
Guardias y enfermeras son las únicas personas con las que tiene contacto. “Rikers es un infierno. Era diferente cuando estaba en la prisión estatal. Me levantaba por la mañana, desayunaba, veía a mis amigos, hablaba con la gente. Veíamos la televisión juntos. He estado rogando por ir a la estatal, pero la fiscalía me dice: ‘Como tienes un juicio próximamente, quédate en Rikers. Queremos vigilarte’. Me han estado vigilando durante 19 meses”
También aseguró que haber sido una celebridad dentro del mundillo hollywoodense terminó siendo una contra porque los pocos contactos que tuvo con otros reclusos fueron para que se le acercaran en un patio para pedirle cosas, desde dinero hasta un abogado.
¿Alguna vez lo lastimaron? Sí. contó que una vez recibió un puñetazo mientras esperaba su turno para hablar por teléfono. Terminó en el piso con la cara llena de sangre. “Cada tres horas hablo por teléfono entre 16 y 18 minutos. Es mi salvación. Hablo con tres de mis hijos todos los días, con mis abogados y algunos amigos. Mis hijos saben todo. Tienen edad suficiente para buscar en Google. Pero les dije que nunca agredí sexualmente a nadie y me creen”.
El tiempo pasa entre la lectura y las estrategias que va aprendiendo (y los consejos que recibió de un “asesor” carcelario) para que sus días sean más leves. “Tengo cáncer de médula ósea. Me estoy muriendo aquí. Y la idea del fiscal del distrito probablemente es que muera en prisión. Eso me da un miedo terrible. Frío y despiadado. Es increíble tener la vida que tuve y las cosas que hice por la sociedad y no tener la indulgencia de tratarme con más amabilidad. Sea lo que sea que piensen que hice mal en mi vida, no me condenaron a muerte. Cumpliré 74 años el 19 de marzo. No quiero morir aquí”.
Uno de los principales interrogantes sobre la uniformidad en los relatos de las mujeres que lo denunciaron es la respuesta a un patrón de conducta. Weinstein asegura que eso tuvo que ver con que había mucho dinero de por medio. Entre medio millón y tres millones de dólares. “Todo lo que tenían que hacer para llevarse un cheque era rellenar un formulario que decía que las había agredido sexualmente. Así que lo rellenaron, y la compañía de seguros acabó pagando decenas de millones de dólares. Y Disney también. La gente puede decir lo que quiera sobre mí, y es de dominio público. Pero muy pocas de estas historias se han litigado en los tribunales (...). ¿Les insinué algo a algunas de estas mujeres sin éxito? ¿Exageré? Sí. ¿Fui insistente o demasiado seductor? Sí a todo eso. Mira, nunca debí haber salido con las personas con las que salí. Estuve casado con una mujer fantástica que no tenía ni idea de lo que hacía. Mentí todo el tiempo. Usé indebidamente a mi personal para ocultar estas cosas. ¿Pero alguna vez agredí sexualmente a una mujer? No. Nunca lo hice".
Una de las frases más fuertes que dijo durante la entrevista fue luego de desvincular a su personal de cualquier situación de engaño. “Yo los obligué a mentir (...) Es toda mi culpa. Debo decir, sin embargo, que cuando un hombre te invita a su habitación de hotel en plena noche, ya sabes lo que está en juego”.
También admitió que hay un desequilibrio de poder entre él y las personas que lo acusaron, sin embargo, ni siquiera en ese caso acepta la idea de que las situaciones por las que se lo denunció representen agresiones sexuales.
También apuntó a las famosas: “Si la cámara está encendida, diré que Rosanna Arquette, Gwyneth Paltrow, Angelina Jolie... simplemente exageraron. Querían ser parte del club. Y me destruyeron. (...) Gwyneth era una buena amiga mía. No sé qué la impulsó a hacer lo que hizo. A armar tanto alboroto por nada. Salí de una reunión agradable con ella y le dije: “¿Qué tal un masaje?”. Y ella simplemente dijo: “No, no lo creo”. Entendí el mensaje. Nunca le puse las manos encima. Se lo contó a Brad Pitt. Brad Pitt vino a mí y me dijo: “No hagas nada así con mi chica”. Le dije: ‘Tranquilo, Brad’."
La conclusión a la que llegó, al menos en esa charla, es que su principal enemiga fue la arrogancia. “Usaba el poder con arrogancia. Era insistente y autoritario, y me siento fatal. Me avergüenzo de ese comportamiento, y ahora lo veo de una forma que antes no podía”.


