Desde que, hace poco más de un año, empezó la danza con Trump, con la imposición de aranceles para México, Canadá y China, lo que ha privado en la economía global es la incertidumbre. Con el Liberation Day (2 de abril de 2025), la situación alcanzó niveles de terror en los mercados, y eso llevó a que Trump corrigiese una semana después. Desde entonces ha sido muy difícil saber realmente cuánto cobran en aranceles los estadounidenses, aunque instituciones como el Budget Lab de la Universidad de Yale hacen un esfuerzo por dar seguimiento tanto a lo que se anuncia como a lo que en realidad ocurre en las aduanas de ese país.
Después de ese día de la liberación, parecía que México había quedado un poco mejor que los demás, en el conjunto, pero algunos sectores resultaron seriamente golpeados. Con la reversión que promulgó la Suprema Corte de Estados Unidos en contra de una parte de los aranceles (los que Trump impuso alegando emergencia económica), las cosas cambiaron, y quedamos un poco peor. Ahora, con la guerra en Irán, nuevamente hay que evaluar la situación, porque si el precio del petróleo sube, nosotros perdemos. No hay que olvidar que producimos un poco más de millón y medio de barriles diarios, pero consumimos tres, ya transformados en gasolina, diésel y otras cosas.
Sin embargo, ya estamos en el proceso de redefinición del T-MEC, forzados por Trump a hacerlo mediante reuniones bilaterales. Considerando la estrategia de seguridad de Estados Unidos, que afirma que se concentrará en este hemisferio, hay también esperanza de que eso pueda convertirse en una oportunidad para México. La creación del Escudo de las Américas, que comentamos el lunes, más bien parece una amenaza, y Trump no separa temas con facilidad.
En cualquier caso, seguimos teniendo el problema de escasez de electricidad, que impide atraer nueva inversión en cantidades importantes, a lo que se ha sumado una mayor incertidumbre interna, que al cierre del año pasado dio como resultado una caída en la inversión extranjera neta. Por otra parte, la industria del equipo de transporte está en dificultades. Los vehículos ligeros (la industria automotriz) han perdido fuerza en exportaciones y en el mes de febrero tuvieron una contracción en su producción. La de vehículos pesados es una tragedia desde el año pasado.
El empleo formal (IMSS), que se reportó esta semana, muestra un muy pequeño crecimiento anual, apenas 0.4%, pero 86% de ese nuevo empleo ocurre en el sector comercio. Considerando que el comercio al menudeo ha crecido principalmente por la venta de gasolina, y que el número de empresas en este sector no crece, este incremento en empleo no augura mejores cifras a futuro. Manufacturas y minería siguen perdiendo puestos de trabajo. También hay cada mes menos patrones en lo general, especialmente empresas con hasta cinco trabajadores.
Considerando la mayor incertidumbre global, y la que se ha creado internamente en la búsqueda de poder, lo que sorprende un poco es que la economía no esté en peores condiciones. La inercia nos sigue manteniendo, aunque después de siete años así ya son muy claras las señales de deterioro, tanto en infraestructura como en acceso a bienes y servicios. Sin embargo, no se ve que estas dos fuentes de incertidumbre vayan a cambiar en el corto plazo. Los bandazos de los mercados globales al inicio de esta semana, reaccionando a rumores y dichos, y la animadversión de Trump hacia México, apuntan a que por ahí no encontraremos tranquilidad; la insistencia en la reforma electoral, desde el gobierno, indica que ahí tampoco. Queda esperar que el aguante mostrado hasta ahora pueda continuar y no nos ocurra como dicen que Hemingway explicaba la quiebra: “gradualmente, y luego de golpe”.

