Las vacunas hacen cosas buenas más allá de prevenir las enfermedades contra las que fueron diseñadasLas vacunas hacen cosas buenas más allá de prevenir las enfermedades contra las que fueron diseñadas

“Hallazgos muy consistentes”: las vacunas están ayudando a los adultos mayores más de lo que sabemos

2026/01/06 07:38

NUEVA YORK.– Seamos claros. La razón principal para vacunarse contra la culebrilla es que dos dosis proporcionan un 90% de protección contra una enfermedad dolorosa y con ampollas, que puede causar dolor neuropático persistente y otras desagradables consecuencias a largo plazo.

La razón más importante para que los adultos mayores se vacunen contra el virus sincicial respiratorio (VSR) es que su riesgo de ser hospitalizados por ella disminuye casi un 70% en el año en que reciben la dosis y casi un 60% en dos años.

Y la razón principal para darse una vacuna anual contra la gripe es que cuando las personas se infectan, también reduce de manera fiable la gravedad de la enfermedad, aunque su eficacia varía según lo bien que los científicos hayan predicho qué cepa de influenza aparece.

Pero también están surgiendo otras razones para que las personas mayores se vacunen. Se conocen, en el lenguaje médico, como beneficios “fuera del objetivo”, lo que significa que las vacunas hacen cosas buenas más allá de prevenir las enfermedades contra las que fueron diseñadas.

La lista de beneficios fuera del objetivo se fue alargando a medida que “la investigación se acumuló y aceleró en los últimos diez años”, dijo William Schaffner, especialista en enfermedades infecciosas del Centro Médico de la Universidad de Vanderbilt.

Algunas de estas protecciones han sido establecidas por años de datos; otras son objeto de investigaciones más recientes y el resultado aún no es tan claro. La vacuna contra el VSR, por ejemplo, estuvo disponible recién en 2023.

Un metaanálisis reciente encontró riesgos reducidos de demencia después de la vacunación para una variedad de enfermedades

Aun así, los hallazgos “son realmente muy consistentes”, expresó Stefania Maggi, geriatra e investigadora principal del Instituto de Neurociencia del Consejo Nacional de Investigación en Padua, Italia.

Ella es la autora principal de un metaanálisis reciente, publicado en la revista británica Age and Ageing, que encontró riesgos reducidos de demencia después de la vacunación para una variedad de enfermedades. Dados esos “efectos posteriores”, las vacunas “son herramientas clave para promover un envejecimiento saludable y prevenir el deterioro físico y cognitivo”, agregó.

Sin embargo, demasiados adultos mayores –cuyos sistemas inmunitarios debilitados y altas tasas de enfermedades crónicas los ponen en mayor riesgo de enfermedades infecciosas– no aprovecharon la vacunación.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) informaron a mediados de diciembre que alrededor del 37% de los adultos mayores aún no habían recibido una vacuna contra la gripe en los Estados Unidos. Solo el 42% se vacunó alguna vez contra el VSR, y menos de un tercio recibió la vacuna más reciente contra el Covid.

Los CDC recomiendan la vacuna neumocócica de dosis única para adultos de 50 años o más. Sin embargo, un análisis en el American Journal of Preventive Medicine estimó que desde 2022, cuando se emitieron nuevas directrices, hasta 2024 solo alrededor del 12% de las personas de 67 a 74 años la recibieron, y alrededor del 8% de las mayores de 75.

Evidencia

La evidencia más sólida de beneficios fuera del objetivo, que data de hace 25 años, muestra un riesgo cardiovascular reducido después de las vacunas contra la gripe.

Los adultos mayores sanos vacunados contra la gripe tienen riesgos sustancialmente menores de hospitalización por insuficiencia cardíaca, así como por neumonía y otras infecciones respiratorias. La vacunación contra la influenza también se asoció con menores riesgos de ataque cardíaco y accidente cerebrovascular.

Además, muchos de estos estudios son anteriores a las vacunas contra la gripe más potentes que ahora se recomiendan para los adultos mayores.

¿Podría la vacuna contra el VSR, protectora contra otra enfermedad respiratoria, tener efectos cardiovasculares similares? Un estudio danés reciente de adultos mayores encontró una disminución de casi el 10% en las hospitalizaciones cardiorrespiratorias –que involucran el corazón y los pulmones– entre los vacunados en comparación con un grupo de control, una disminución significativa.

Ciertas vacunas demostraron capacidad para reducir hospitalizaciones

No obstante, las tasas reducidas de hospitalizaciones cardiovasculares y accidentes cerebrovasculares no alcanzaron significación estadística. Eso puede reflejar un período de seguimiento corto o pruebas diagnósticas inadecuadas, advirtió Helen Chu, especialista en enfermedades infecciosas de la Universidad de Washington y coautora de un editorial adjunto en JAMA.

“No creo que el VSR se comporte de manera diferente a la gripe –indicó Chu–. Es demasiado pronto para tener la información, pero creo que mostrará el mismo efecto, quizás incluso más”.

La vacunación contra otra enfermedad respiratoria peligrosa, el Covid-19, se ha relacionado con un menor riesgo de desarrollar Covid prolongado, con sus efectos perjudiciales para la salud física y mental.

Probablemente los hallazgos más provocadores se refieren a la vacunación contra la culebrilla, también conocida como herpes zóster. Los investigadores fueron noticia el año pasado cuando documentaron una asociación entre esa inmunización y tasas más bajas de demencia, incluso con la vacuna menos efectiva que desde entonces fue reemplazada por Shingrix, aprobada en 2017.

Casi todos los estudios sobre beneficios fuera del objetivo son observacionales, ya que los científicos no pueden negarse éticamente a administrar una vacuna segura y efectiva a un grupo de control que luego podría infectarse con la enfermedad.

“Sesgo voluntario sano”

Eso significa que dichos estudios están sujetos al “sesgo del voluntario sano”, porque los pacientes vacunados también pueden practicar otros hábitos saludables, lo que los diferencia de los no vacunados.

Aunque los investigadores intentan controlar una variedad de diferencias potencialmente confusas, desde la edad y el sexo hasta la salud y la educación, “solo podemos decir que hay una fuerte asociación, no una causa y efecto”, dijo Maggi.

Pero los investigadores de Stanford aprovecharon un experimento natural en Gales en 2013, cuando la primera vacuna contra la culebrilla, Zostavax, estuvo disponible para personas mayores que aún no habían cumplido los 80 años.

Durante siete años, las tasas de demencia en los participantes que habían sido elegibles para la vacunación disminuyeron un 20% –aunque solo la mitad había recibido realmente la vacuna– en comparación con aquellos que no.

“No hay razones por las que las personas nacidas una semana antes fueran diferentes de las nacidas unos días después”, sostuvo Maggi. Estudios en Australia y Estados Unidos también encontraron reducciones en las probabilidades de demencia después de las vacunas contra la culebrilla.

Muchas infecciones están asociadas con el inicio de la demencia, tanto Alzheimer como vascular

De hecho, en el metaanálisis que Maggi y su equipo publicaron varias otras vacunas infantiles y para adultos parecen tener tales efectos. “Ahora sabemos que muchas infecciones están asociadas con el inicio de la demencia, tanto Alzheimer como vascular”, ahondó.

En 21 estudios que involucraron a más de 104 millones de participantes en Europa, Asia y América del Norte, la vacunación contra la culebrilla se asoció con una reducción del 24% en el riesgo de desarrollar demencia. La vacunación contra la gripe se vinculó con una reducción del 13%. Aquellos vacunados contra la infección neumocócica tuvieron una reducción del 36% en el riesgo de Alzheimer.

La vacuna Tdap contra el tétanos, la difteria y la tos ferina (tos convulsa) se recomienda para adultos cada diez años, y la vacunación entre los adultos mayores a menudo es motivada por el nacimiento de un nieto, quien no puede ser completamente vacunado durante meses. Se asoció con una disminución de un tercio en la demencia.

Otros investigadores están investigando los efectos de la vacunación contra el herpes zóster en ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares, y de la vacunación contra el Covid en la supervivencia al cáncer.

Hipótesis

¿Qué causa tales beneficios de las vacunas? La mayoría de las hipótesis se centran en la inflamación que surge cuando el sistema inmunitario se moviliza para combatir una infección. “Hay daño en el entorno circundante” en el cuerpo, “y eso lleva tiempo en calmarse”, explicó Chu.

Los efectos de la inflamación pueden durar mucho más que la enfermedad inicial. Puede permitir que otras infecciones se afiancen, o causar ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares cuando se forman coágulos en vasos sanguíneos estrechados. “Si se previene la infección, se previene este otro daño”, apuntó Chu.

La hospitalización en sí, durante la cual los pacientes mayores pueden descondicionarse o desarrollar delirio, es un factor de riesgo de demencia, entre otros problemas de salud. Las vacunas que reducen la hospitalización podrían, por lo tanto, retrasar o evitar el deterioro cognitivo.

Los funcionarios de salud de la administración Trump atacaron las vacunas infantiles más que las de adultos, pero su proclamada oposición también puede estar contribuyendo a una vacunación inadecuada entre los mayores.

Muchos no solo se perderán los beneficios emergentes fuera del objetivo, sino que también seguirán siendo vulnerables a las enfermedades que las vacunas previenen o disminuyen.

“La política nacional actual sobre vacunación es, en el mejor de los casos, incierta, y en algunos casos parece antivacunas –dijo Schaffner, exmiembro del Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización de los CDC–. Todos nosotros en salud pública estamos muy, muy angustiados”.

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