La actriz, docente y formadora artística Gaby Ferrero, figura de reconocida trayectoria en el teatro, el cine y la televisión argentina, murió a los 64 años. Ante la noticia de su partida, colegas y personas de su círculo cercano compartieron mensajes de despedida que destacaron su pasión por el arte y su compromiso con la enseñanza.
La Asociación Argentina de Actores expresó su pesar a través de un comunicado oficial. “Con profunda tristeza despedimos a la actriz y docente Gaby Ferrero, dueña de una trayectoria sólida y sostenida, marcada por una profunda sensibilidad artística y una formación multidisciplinaria. Acompañamos en este doloroso momento a sus familiares y seres queridos”, señaló la entidad.
Su hijo, Osqui Ferrero, también actor y productor artístico, despidió a la intérprete con una foto juntos y conmovedoras palabras. “Ma, gracias por enseñarme lo que es amar. Te voy a extrañar toda la vida”, escribió el joven en las redes sociales.
Gaby Ferrero había nacido el 1 de julio de 1961 y su nombre completo era Agueda Gabriela Ferrero. A lo largo de su vida desarrolló múltiples facetas: fue actriz, docente, musicoterapeuta y profesora de Educación Inicial, combinando el trabajo artístico con una fuerte vocación pedagógica.
Su formación actoral fue amplia. Estudió actuación con Ricardo Bartís y también con maestros como Javier Daulte, Pompeyo Audivert y Alejandro Maci, entre otros referentes del teatro argentino. Además, se formó en dirección teatral con Juan Carlos Gené y Guillermo Cacace.
A ese recorrido se sumaron estudios en disciplinas como la danza, técnica vocal, escritura, clown y composición musical, lo que le permitió enriquecer tanto su trabajo escénico como su labor docente.
Desde sus inicios participó en proyectos del teatro independiente, oficial y comercial, y trabajó con destacados directores y dramaturgos. Formó parte de la compañía del Sportivo Teatral, integró el grupo Ácido Carmín junto a Eugenia Alonso y también el grupo Los Celebrantes, bajo la dirección de Vivian Luz.
Su extensa labor teatral incluyó títulos como La memoria futura. Voces de las abuelas, Largo viaje de un día hacia la noche, Bodas de sangre, Once Berlin, Mi hijo solo camina un poco más lento, Diamante, El vestidor, Un mechón de tu pelo, La crueldad de los animales, Mau Mau o la tercera parte de la noche, 33 variaciones, Almas ardientes, Simplemente Concha, 4D Óptico, El diario de Carmen y Rosa Mística, entre otras obras.
En televisión y plataformas participó de numerosas ficciones, entre ellas Santa Evita, Cuéntame cómo pasó, Doce casas, La casa, Entre horas, Graduados, El donante, El pacto, Trátame bien, Amas de casa desesperadas, La Lola, Mi señora es una espía y Ciclo de terror.
En cuanto a su recorrido en el cine, tuvo participaciones en películas como Los adoptantes, La flor, Los que aman odian, Iniciales SG, Cetáceos, La tercera orilla, El crítico, Noelia, La mirada invisible y Séptimo.
Además de su carrera como actriz, Ferrero desarrolló una intensa actividad docente. Desde mediados de la década del 90 dictó clases de actuación, especialmente a niños y adolescentes, siendo reconocida por generaciones de alumnos que pasaron por sus clases.
Osqui, su hijo adoptivo, fue una parte central de su vida. En una entrevista con LA NACION en 2018, la actriz hablaba abiertamente sobre su experiencia con la adopción. “La idea de adoptar la tenía desde siempre, pero la maternidad, esa cosa que se supone que les llega a todas las mujeres, a mí no me llegaba”, decía.
En esa misma conversación compartía que había decidido adoptar a los 40 años, sin pareja y a un chico grande en lugar de a un bebé, y expresaba su postura sobre el aborto. “Pensar que hay que seguir con el embarazo para darlo en adopción me parece una aberración, tanto para la madre que adopta a ese niño como para la que tiene que sostener un embarazo indeseado por eso”, sostuvo.
Años atrás, su hijo le dedicó un extenso mensaje en el que reflejó el sólido vínculo que mantenía su madre. “Tantas veces dije lo mucho que te quiero, lo mucho que te admiro, como mamá, como mujer, por lo que hiciste, por lo que diste y por todo lo que también dejaste en mí para verme crecer y germinar esta semilla a la que ya le salieron las hojas”, apuntaba el joven. Y sumaba: “Agradezco que hayas estado ahí, acompañando y educando, dando tanto amor. Ahora sólo queda acompañarnos, en todo lo que nos queda. Te amo, má”.


