Dormir mal no solo provoca cansancio al día siguiente. Investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) advierten que descansar poco también puede afectar el metabolismo y favorecer el aumento de peso. El problema se relaciona con cambios en el cerebro, el equilibrio hormonal y los hábitos alimenticios.
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Especialistas de la Clínica de Trastornos del Sueño y de la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza explican que el sueño es un proceso que regula el apetito y la energía del cuerpo. Cuando una persona duerme menos, su organismo busca compensar esa falta de descanso con mayor consumo de alimentos, sobre todo ricos en azúcar y carbohidratos.
Estudios con resonancia magnética muestran mayor actividad en zonas cerebrales relacionadas con el apetito cuando las personas descansan poco.
Esto provoca que al despertar exista mayor deseo de consumir alimentos dulces o con alto contenido calórico. Según el especialista Rafael Santana, el cerebro intenta recuperar energía de forma rápida, lo que aumenta la probabilidad de ingerir comida poco saludable.
La falta de descanso provoca cambios en la forma en que el organismo gestiona la energía. El cuerpo interpreta el cansancio como una señal de necesidad energética y busca alimentos que aporten glucosa de forma inmediata.
Por esta razón muchas personas sienten hambre intensa desde la mañana cuando durmieron poco. Este fenómeno aumenta el consumo de alimentos procesados o ricos en azúcar, lo que puede favorecer el aumento de peso con el tiempo.
El sueño regula hormonas que controlan el apetito:
Si el descanso es insuficiente, la grelina aumenta y la leptina disminuye.
El cuerpo humano funciona con un reloj biológico llamado ritmo circadiano. Este sistema se regula principalmente por la luz del día y la oscuridad de la noche.
Cuando una persona duerme a deshoras o usa pantallas antes de dormir, ese reloj interno se desajusta. Esto afecta la liberación de hormonas, el metabolismo y la forma en que el organismo controla el azúcar en la sangre.
Dormir menos horas implica pasar más tiempo despierto durante el día y la noche. Esa situación genera más oportunidades para comer.
Los especialistas señalan que muchas personas recurren a snacks, dulces o bebidas azucaradas cuando sienten fatiga. El cansancio también reduce la capacidad de tomar decisiones saludables sobre la alimentación.
Este proceso puede generar un círculo vicioso, menos sueño produce más hambre, lo que favorece el aumento de peso y empeora la calidad del descanso.
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