SANTIAGO, Chile– El conservador José Antonio Kast asumirá este miércoles el poder en Chile, en un contexto internacional mucho más complejo que cuando fue elegido y que pondrá a prueba su gestión desde el primer día.
La ceremonia principal de transmisión del mando presidencial tendrá lugar el mediodía en el Congreso Nacional, ubicado en la ciudad de Valparaíso, a una hora y media de la capital. En ella estarán presentes doce jefes de Estado, entre ellos Javier Milei.
Con promesas de crecimiento económico, desregulación y recorte del gasto público, así como de mano dura a la delincuencia y firmeza con la inmigración, los mercados locales celebraron tras la elección de Kast en diciembre pasado. Sin embargo, el impulso se ha truncado a medida que la guerra en Irán golpea los mercados globales.
“Las prioridades van a quedar relativamente estables, pero la capacidad de materializar podría verse afectada. No solamente el tipo de cambio, sino la inflación, también, condiciones que podrían afectar el crecimiento", señaló el analista político Kenneth Bunker, académico de la Universidad de San Sebastián.
Antes de la guerra en Irán, se estimaba que Chile podría recibir hasta 4000 millones de dólares adicionales por al alza en los precios del cobre, su mayor fuente de ingresos. Pero el precio ha estado volátil en las últimas semanas e incluso llegó a caer un 8% desde el máximo.
Chile también es uno de los mayores importadores de petróleo de América Latina debido a su escasa producción local, lo que aumenta el impacto del avance en los precios del crudo, que alcanzó casi los 120 dólares por barril desde que estalló la guerra.
“La guerra con Irán ha incrementado considerablemente los riesgos de inflación”, afirmó Oxford Economics en un informe que analiza los mercados emergentes. El informe añadió que Europa Central y Oriental, Chile y la India serían los más afectados en un shock petrolero.
Chile “es muy sensible a los choques externos, muy sensible, ya sea geopolíticos, ya sean aspectos militares o ya sea fluctuaciones muy fuertes en las bolsas del mundo", afirmó Marcela Vera, economista de la Universidad de Santiago. “Posee muy pocas barreras de protección financiera a la economía nacional. Pero además tiene muchos tratados de libre comercio, entonces su modelo está basado en un sistema primario exportador”.
Kast llega al poder, además, en medio de una encrucijada geopolítica, marcada por el pulso firme entre Estados Unidos, que busca recuperar su influencia en América Latina, y China, principal socio comercial no solo de Chile sino de gran parte de los países de la región.
“Hoy lo que más enfoca la atención es cuál es la situación que hereda la presidencia de Kast respecto de una enorme expectativa de alineamiento político con la Casa Blanca y cuál es el margen de maniobra que tiene la nueva administración" para otros socios, dijo Mariano Machado, analista principal para las Américas de la empresa de inteligencia de riesgos Verisk Maplecroft.
A lo largo de la campaña Kast evitó pronunciarse sobre temas polémicos, tanto dentro como fuera de la esfera nacional, aunque hizo guiños a la administración de Donald Trump y alabó la operación de Estados Unidos que culminó con el arresto del venezolano Nicolás Maduro.
En ese marco, Trump felicitó a Kast tras el triunfo y lo invitó a su cumbre celebrada en Miami y que reunió el fin de semana a varios líderes latinoamericanos como Milei y el salvadoreño Nayib Bukele. “Todo indica que vamos a tener un alineamiento muy importante de Chile con las directrices emanadas desde Washington”, subrayó el analista político Gilberto Aranda, de la Universidad de Chile.
Kast dio por terminado el proceso de traspaso de mando tras diferencias con el presidente Gabriel Boric acerca de un proyecto que busca instalar un cable submarino que, si es aprobado, conectaría China y Chile, lo que despertó la crítica de Estados Unidos y profundizó aún más la grieta diplomática entre la administración de Boric y Washington.
La capacidad de respuesta del Ejecutivo será clave para determinar el rumbo del gobierno, que deberá dialogar y negociar con un fragmentado Parlamento a fin de garantizar gobernabilidad y sacar adelante sus principales proyectos.
“Si en los primeros 100 días hay volumen, tracción, señal de dirección, generalmente la corporación política busca alineamiento o por lo menos no entorpecer las prioridades de la gestión", dijo Mariano Machado, analista principal para las Américas de la empresa de inteligencia de riesgos Verisk Maplecroft. “Si no se ve esa claridad en los primeros 100 días… sucede lo contrario”.
En ese sentido, la suspensión del proceso de transición –algo inédito desde el regreso de la democracia en 1990– a falta de una semana para el cambio de mando podría empañar la imagen de la administración entrante y confirmar la aprensión de los críticos de que se vienen unos tiempos muy polarizados y de mucho desencuentro.
Dentro de esta capacidad de respuesta, además de los desafíos económicos está la postura rigorista de Kast frente al crimen y la inmigración, dos ítems que prometió encarar con firmeza y que lo llevaron al triunfo.
En 2021, Kast llegó a acariciar la presidencia, pero fue derrotado por Boric. En aquel entonces, sus posturas, como la oposición al aborto y al matrimonio igualitario o la complacencia con la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), fueron ampliamente rechazadas por los chilenos.
Sin embargo, cuatro años después, sus promesas de luchar contra la delincuencia y la inmigración obtuvieron el apoyo de cerca de 60% de los votantes en un país azotado por un aumento sin precedentes del crimen organizado y decepcionado por las grandes expectativas que el gobierno de Boric generó pero no se han cumplido.
“El concepto dominante del futuro gobierno de Kast es el concepto de emergencia, particularmente en el ámbito de la seguridad”, dijo Aranda. “Tanto la economía como la inmigración están enmarcados dentro de esa narrativa de decadentismo, de deterioro de la calidad de vida, deterioro económico, deterioro producto de la llegada de inmigrantes que han de alguna manera socavado la seguridad ciudadana".
Kast ha abogado por medidas que van desde la ampliación de la legítima defensa hasta incursiones policiales y militares para recuperar zonas “bajo el dominio narco”. En cuanto a la migración irregular, ha prometido convertirla en un delito, impulsar las expulsiones masivas y reforzar las fronteras con la construcción de “vallas y muros”.
El gran ausente a la investidura será el presidente brasileño, Lula da Silva, quien este martes canceló su viaje. A pesar de sus diferencias ideológicas, el izquierdista Lula y el derechista Kast sostuvieron una reunión en enero en Panamá, donde aparecieron dándose un abrazo. Pero queda por ver cómo conduce el nuevo gobierno la relación con la principal economía de la región.
Agencias AFP, AP y ANSA


