Según la constitución iraní, quienes eligen al nuevo líder supremo son los 86 miembros de la Asamblea de Expertos, todos ellos ayatolás y la cual ha sido presidSegún la constitución iraní, quienes eligen al nuevo líder supremo son los 86 miembros de la Asamblea de Expertos, todos ellos ayatolás y la cual ha sido presid

La élite militar se impuso en Irán

2026/03/11 17:40
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Ser líder supremo en Irán no es cualquier cosa. Dentro de su comprensión religiosa y social, el ayatolá elegido para ser el máximo representante del Estado debe ser considerado como un sabio, un gran político que sabe negociar y tomar decisiones de alta complejidad, pero, además, tener un dejo de misticismo que lo ancla como una especie de deidad ante sus seguidores.

Sólo tres personas han tenido ese “honor”, después de la caída del sha Mohammad Reza Pahlavi en 1979, tras impulsar una revolución social inspirada en la izquierda socialista. Después de esa fecha, el poder del líder supremo se reconfiguró para que el elegido tuviera un monopolio dentro de las instituciones de poder, incluidas las Fuerzas Armadas o los llamados “Guardianes de la Revolución”.

En 1979, la constitución le otorgó al primer líder supremo, el ayatolá Ruhollah Jomeini, lo que se conoció como un Gobierno del Jurisconsulto, permitiéndole determinar y ejercer el gobierno. Jomeini sería el jefe de las Fuerzas Armadas, el presidente de la radio y televisión nacional y resolvería pugnas judiciales en cualquier nivel de Estado.

Jomeini fue designado entonces como ese líder político y religioso que comenzó una etapa de complejas decisiones, impactando en la radicalización del poder, entre opositores (intelectuales de izquierda) y miembros del gobierno. Desde entonces, la sucesión siempre fue un dilema existencial que implicaba la configuración futura del estado iraní, bajo un sinfín de grupos de interés entre lo civil, militar y teocrático.

Como toda transición política, hay pugnas y traiciones, vacíos de poder y nuevas esperanzas. Tras la muerte de Jomeini en 1989, la Asamblea de Expertos eligió a Alí Jamenei como su sucesor. Aunque de menor rango religioso que Jomeini, consolidó un poder político sin igual, al fortalecer la Guardia Revolucionaria y rodearse de expertos en seguridad e inteligencia, a quienes ofreció cargos en el parlamento, en instituciones religiosas, medios de comunicación del Estado, el Poder Judicial y en la misma Presidencia. No obstante, esas decisiones también le atrajeron enemistades importantes de miembros clericales, ya que mientras que Jomeini se rodeó desde un inicio de ayatolás de gran reputación, Jamenei lo hizo de excomandantes de la Guardia Revolucionaria.

Su mandato abarcó más de tres décadas y definió la política interna y externa de Irán contemporáneo hasta su muerte el pasado sábado 28 de febrero tras un contundente bombardeo por parte de Estados Unidos e Israel en su complejo residencial en Teherán. Recordemos que el cargo de líder supremo es vitalicio, por lo que la muerte es la línea entre una renovación de tan importante cambio; incluso, se podrían establecer paralelismos con lo que sucede en la Iglesia católica respecto a la sucesión de un Papa.

Ante la conmoción mundial, el Estado iraní no solo quedó huérfano de liderazgo de la noche a la mañana, sino que tuvo que enfrentar la disyuntiva de que, por un lado, Trump desafió al régimen de que el nuevo líder debía tener su anuencia y, por el otro, los retos del propio proceso interno, es decir, que los diversos grupos de interés dentro de la Asamblea de Expertos eligieran al perfil que coordine la etapa de mayor crisis de la República Islámica. Finalmente, se impuso el ala armada alimentada por Alí Jamenei, en franco desafío al gobierno de Washington.

Estados Unidos siempre ha sido su rival político, su némesis, y la sucesión se da en medio de unas Fuerzas Armadas empoderadas y con la acumulación de miles de millones a partir de negocios emprendidos alrededor del petróleo, servicios financieros, telefonía, internet y TV.

Por eso es entendible que la sucesión recayera bajo el nepotismo, es decir, alguien impuesto por esa élite que es realmente quien gobierna: los Guardianes de la Revolución, y nadie mejor que el hijo de Jamenei, Mojtaba Jamenei, de 56 años, para garantizar su seguridad, al menos por ahora.

Según la constitución iraní, quienes eligen al nuevo líder supremo son los 86 miembros de la Asamblea de Expertos, todos ellos ayatolás y la cual ha sido presidida por aliados incondicionales de Jamenei. En una transición tradicional, tras la muerte “natural” del líder supremo, la baraja sucesoria podría haber sido distinta; no obstante, en medio de una guerra en Oriente Medio, la naturaleza militar en Irán se impuso de manera fácil.

Según Bloomberg, Mojtaba es una persona multimillonaria que posee 13 propiedades en la capital británica por valor de 236 millones de euros; dos de ellas son departamentos de lujo, valorados en casi 58 millones de euros, en el exclusivo barrio londinense de Kensington y desde donde se ve la embajada de Israel.

No obstante, la fortuna acumulada por Jamenei se extiende por todo el mundo, la cual suma varios cientos de millones. Entre sus posesiones se encuentran un campo de golf en Mallorca o un hotel en los Alpes austriacos, apunta Bloomberg. Él es el próximo líder supremo iraní, que quizá en el fondo tenga varias similitudes y gustos con Donald Trump; la historia nos lo dirá.

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