Jesús Barrón, tiene 26 años, y sabe dolorosamente lo que fue vivir en Venezuela bajo el gobierno de Nicolás Maduro. Llegó a la Argentina, luego de un complejo periplo que incluyó pasar por Brasil. Barrón sufrió heridas muy graves, incluido un tiro en la cabeza, durante una protesta de 2017, y está en silla de ruedas. Entre la comunidad de venezolanos en la Argentina, es una persona muy reconocida y fue de las primeras en llegar al Obelisco para compartir con sus compatriotas los sentimientos que le genera la salida del poder de Nicolás Maduro y su esposa.
“Estoy muy muy alegre. Por fin cayó la dictadura. Quiero quiero volverá a Venezuela”, le contó este mediodía a LA NACION, mientras compartía sentimientos con otros ciudadanos de ese país que amanecieron hoy con la noticia de que Estados Unidos había capturado al líder chavista.
Barrón reside en la Argentina con su padre. Su madre y buena parte de su familia permanecieron en Venezuela. Hasta hoy era muy cauteloso con las comunicaciones. “Si mi mamá llama, allá muere mucha gente”, señaló angustiado Barrón al contar las peripecias por las que muchos ciudadanos venezolanos han pasado en estos años de mandato de Maduro.
A su lado está su padre, José Gregorio, de 70 años, que convalida el relato de su hijo. Llegaron a la Argentina en 2018: “Fuimos perseguidos en Venezuela durante un año, en 2017. A Jesús lo perseguían los colectivos de Maduro. Entonces la oposición nos llevó a Boavista, nos sacaron en un avión, y de Boavista nos volvieron a encontrar y nos sacaron los militares a Porto Alegre. Allí, en Porto Alegre, había 14 policías de Maduro disfrazados y, entonces los militares brasileños decidieron sacar a Jesús para la Argentina. Aquí nos recibió la comisión argentina de venezolanos refugiados”.
Cerca de los Barrón, aprovechando que el clima es más que agradable para estar al mediodía en el Obelisco, Alida Quiñones, de 65 años, repasa su historia en Venezuela. Llegó a Buenos Aires hace seis meses. “Allá la situación se había puesto muy difícil. No tenía trabajo y a pesar de qué también ya trabajé porque soy jubilada, pero la pensión no alcanza”, relata.
Impactada aún por las noticias que llegan desde Caracas, Quiñones ejemplifica: “Imagínate tú 130 bolívares, que no es ni medio dólar. Ahora esperamos que todo se derrumbe de una buena manera y que pronto cada quien pueda regresar, según su gusto, su necesidad. Aunque uno tenga tanta expectativa, tantas cosas en la mente, todavía estamos confundidos, no reaccionamos”.
Muchos venezolanos se reúnen alrededor del Obelisco en rondas para compartir por las redes sociales, en sus celulares, las noticias que van llegando. Otros, siguen las novedades desde los canales de televisión internacionales que informan cómo se encuentra el panorama en Caracas y los detalles que van trascendiendo de la operación del gobierno de los Estados Unidos para capturar a Maduro y a su esposa y sacarlos del país.
Algunas banderas venezolanas flamean entre quienes se acercan a compartir este momento. Hay quienes salieron un rato de sus trabajos para enterarse de qué sucede en su país, otros que dejaron sus actividades previstas para este sábado y decidieron encontrarse en el Obelisco. “Hemos venido muchas veces a protestar por las cosas que ha hecho Maduro en Venezuela. Por eso, este es un lugar de encuentro en el exilio”, coincide muchos consultados.
Algunas personas no solo muestran banderas, sino gorros con los colores venezolanos. Carolina González, de 48 años, no disimula su alegría: “Estoy feliz porque al fin somos libres. Creo que es un gran paso y muy estratégico de parte de Estados Unidos. Es lo mejor que pudieron haber hecho”. En su caso, se enteró de la situación por una llamada de una prima. “Tenemos familia aún en Venezuela y empezamos a llamarlos a todos, porque están incomunicados y no les dicen nada. Ellos no sabían lo que estaba pasando”, cuenta.
A pesar de los movimientos que desarrolló Estados Unidos durante la madrugada en Caracas, González señala que en su familia “todos están bien”. Y añade: “Vamos a ver qué pasa, ahora tenemos fe y esperanza y venimos a celebrar de que al fin somos libres”.
Jackson, de 47 años, también coincide en que “la felicidad es enorme, indescriptible”. Ese fue el sentimiento en el momento de ver la primera imagen de Maduro ya capturado por los militares norteamericanos. “Gracias a Dios, toda la familia allá está bien. Tuve comunicación con ellos y está todo tranquilo. Sí, se les está haciendo difícil el tema de la comida. Está todo está cerrado y lo poco que está abierto tiene filas enormes. Hay una tensa calma”, graficó.
Residente en la Argentina desde 2017, Michael, de 42 años, cuenta que fue “perseguido político” por el gobierno de Maduro. “La felicidad que tengo hoy es más grande que el Obelisco. Todo el tiempo digo Dios es perfecto. Dios nos regaló esta alegría después de sufrir la dictadura; no solo nosotros, sino también los jóvenes”, señaló al recordar lo difícil de decidir dejar Venezuela. “Dejamos a la gente de la tercera edad, botada sin familia y nos fuimos un maletín lleno de recuerdos. Ahorita aplaudo y le deseo un feliz año al presidente de los Estados Unidos que fue el que nos cumplió el sueño”, amplió Michael.
Lilian, de 50 años, admite que tiene sentimientos encontrados frente al desenlace venezolano: “Tengo muchos recuerdos de mi gente, de mi familia que es muy cortita. Lo único que me quedan son mis hijos que están bien en diferentes países. Esto se lo dedico a mi madre y a mi abuela, que murieron. Todavía no lo creo”.
Algunas personas, incluso porteños, se enteraron de la captura de Maduro al cruzarse a venezolanos en el Obelisco. Otros, como Johnny Yepes, de 52, recibió un mensaje de su familia en Venezuela, pero no lo podía creer. “Todavía nos faltan muchas cosas que corregir con las personas que quieran allá. Todavía están Diosdado Cabello y Silvia Flores Rodríguez, por ejemplo, muchas personas en la cúpula. Pero la emoción es indescriptible. Ya nuestro país se liberó de esa dictadura, de ese narcotraficante que era Nicolás Maduro”, contó a LA NACION.
A Kelly Yepes, de 29, la llamaron a su casa en Buenos Aires desde Caracas. “Estaban todos [sus familiares] asustados por el bombardeo y las detonaciones. Pero gracias a Dios están bien. En la zona donde vive mi familia por suerte no se fue la luz. Pero sí, hay sectores incomunicados”. La joven vive en la Argentina hace casi ocho años y “sin poder visitar a mi país”. Por esa razón es que advirtió: “Todavía faltan muchos [políticos chavistas] por sacar [del poder]. Hay que esperar y ver qué es lo qué pasa con Diosdado y con todo lo que sigue”.
Algunos venezolanos compartían selfies con el Obelisco de fondo, celebrando la situación. Otros, además, le enviaban esas imágenes a sus familiares en Venezuela para que vieran cómo se tomaba la noticia en Buenos Aires. Entre esos grupos que se saludaban, habló con LA NACION Erika Soto, de 40 años y que hace ocho reside en esta ciudad. “La ilusión más grande de mi vida es poder llevar a mi hijo argentino, que tiene cuatro años, a conocer el país de su madre. Espero que el cambio sea de verdad y que sufran la menor cantidad de personas. Que sea una transición muy tranquila, de mucha paz, de mucha felicidad. Creo que eso es lo que deseamos todos los venezolanos”, señaló.
A José Enrique, de 40 años, la noticia lo tomó de sorpresa en Buenos Aires aunque trabaja en Uruguay. “Sentí una emoción. Todavía no caigo en la cuenta de lo que significa. No sabemos cómo expresar el sentimiento de la familia. Fue totalmente inesperado, es un nuevo sentimiento que vamos a tener de ahora en adelante. La salida de este régimen es lo mejor que me ha pasado en 40 años”.
“Estoy feliz, muy emocionado. Ya dimos un paso, vamos por más hasta el final. Ya está el principio del fin de esta gente que estaba haciendo muy mal a nuestro país. Ahora sí, creo más que nunca que lo podemos lograr”, concluyó Leonardo, de 51, que llegó al Obelisco pasado el mediodía.
Además de enabolar la bandera de Venezuela en uno de los mástiles de la Plaza del Obeslico, el gobierno porteño anunció que esta noche se iluminarán ese monumento histórico y el Puente de la Mujer con los colores oficiales de ese país.
María Pastore
