La historia de amor entre Gabriel Batistuta e Irina Fernández es un testimonio de resiliencia y afecto, ya que se trata de una relación que lleva más de 33 años y que pudo desafiar el tiempo, el estrellato futbolístico y los persistentes rumores de separación. Lejos de los flashes internacionales, hoy la pareja disfruta de una vida campestre en su Santa Fe natal, rodeada de sus cuatro hijos, su nieto Lautaro y otro nieto en camino, lo que consolida un legado de unión familiar.
Todo comenzó en 1988, en Reconquista, cuando él, por ese entonces un joven con el fútbol como mero hobby y sin grandes aspiraciones, se aventuró a colarse en la fiesta de quince años de ella. Aquel encuentro fortuito marcó el inicio de un romance que, según el propio “Batigol”, lo cautivó por la belleza de Irina. Por entonces, el futuro goleador estaba lejos de imaginar una carrera profesional; su mente estaba puesta en los estudios y consideraba el fútbol como un oficio peligroso.
La irrupción de Newell’s Old Boys en su vida, ofreciéndole la posibilidad de dedicarse al fútbol, llegó en un momento crucial. “Cuando me fueron a buscar yo hacía dos semanas que estaba de novio con la que ahora es mi señora. Estaba recontra enamorado. Y me fui más obligado, pensando en la posibilidad de un estudio, de una universidad, gracias a Newell’s”, recordó Batistuta en una entrevista en el programa Ligas Mayores (TNT Sports). Ese giro inesperado no solo definiría su destino deportivo, sino que también pondría a prueba la incipiente relación, que Irina acompañó desde el primer día y con un soporte fundamental.
La carrera de Batistuta despegó vertiginosamente. Tras debutar en Newell’s en 1988, pasó por River Plate en 1989 y luego por Boca Juniors, donde se consolidó como un delantero letal. En paralelo a este ascenso futbolístico, su relación con Fernández se afianzó. La pareja celebró su casamiento el 28 de diciembre de 1990, un paso crucial antes de emprender la aventura europea. Poco después de la boda, él firmó su contrato con Fiorentina, por lo que armaron sus valijas y se mudaron a Florencia, Italia, e iniciaron una nueva etapa juntos.
En el Viejo continente, Gabriel se transformó en “Batigol”, un ídolo indiscutible. Durante una década en la Serie A de Italia, donde también jugó para AS Roma e Internazionale Milano, Irina fue su inquebrantable compañera. Juntos formaron una familia numerosa, ya que nacieron sus cuatro hijos: Thiago, Lucas, Joaquín y Shamel. La prensa de la época, fascinada por la pareja, llegó a definir a Irina como la mujer más linda del país, un reflejo de la atención que generaba la esposa de una de las figuras más aclamadas del fútbol a nivel mundial.
La fama, sin embargo, trajo consigo sus desafíos. A lo largo de la carrera de Batistuta, y especialmente durante sus años de gloria en Italia, circularon persistentes rumores de infidelidad y de supuestos romances. Aunque la prensa le atribuyó varias relaciones, nunca se conoció una sola fotografía que confirmara dichas versiones, las cuales siempre fueron desestimadas por la pareja y su círculo íntimo.
Años después, a mediados de 2014, la relación volvió a estar en el centro de la escena mediática por versiones que hablaban de una fuerte crisis y una posible separación. Sin embargo, su hijo Thiago fue categórico al respecto y negó rotundamente los hechos. “A mí me causa gracia, no sé cuál es la separación de la que hablan. No la hay. No quiero hablar por ellos porque no me corresponde meterme”, reveló en diálogo con el programa Desayuno americano (América TV). Esta postura fue reforzada por fuentes cercanas a la familia, que aseguraron a la prensa que, si bien en otros momentos les había tocado enfrentar crisis como a toda pareja, en este caso no era así.
Tras su retiro del fútbol profesional en 2005, Gabriel e Irina tomaron la decisión de regresar a sus raíces. Se establecieron nuevamente en Reconquista, la ciudad santafesina donde se conocieron. Allí, la pareja forjó una vida campestre en su inmensa estancia, que abarca cerca de 129 mil hectáreas, equivalente a casi 177 canchas de fútbol. En este entorno rural, se dedican a la cría de ganado y disfrutan de una existencia apacible lejos del bullicio mediático.
La vida de sus hijos también refleja los valores familiares y la búsqueda de sus propios caminos. Joaquín, uno de ellos, sorprendió al público al ser visto mientras trabajaba en un local de fotocopias, una decisión que su padre defendió públicamente. “Que mis hijos trabajen es regalarles dignidad, sobre todo a ellos. Yo podría tranquilamente darles un auto a cada uno y no sé si serían felices, no sé cuánto les duraría esa felicidad”, afirmó Gabriel Batistuta en diálogo con Radio Reconquista Hoy en 2019.
Por su parte, Thiago, nacido en Florencia, Italia, se formó como psicólogo y desarrolló una carrera como actor y conductor, incluso con participaciones en producciones como Solamente vos (eltrece) y Combate (Canal 9), aunque siempre con un perfil bajo y alejado de los escándalos del espectáculo.
Pero la familia Batistuta-Fernández no se quedó allí, sino que siguió con el crecimiento. En 2020, dieron la bienvenida a su primer nieto, Lautaro, hijo de Lucas y Dalila Prieto. “Muy felices con Irina comenzamos a transitar esta etapa de abuelos. Gracias por todo el cariño y los cuidados que recibió en las primeras horas de vida por el personal de salud del Sanatorio Padre Pío de Reconquista”, compartió Gabriel Batistuta en su cuenta de Instagram (@gabrielbatistutaok) en aquel momento.
Y la felicidad se extiende, ya que Thiago y su pareja, Daniela “Nanu” Maffeo, anunciaron en septiembre de 2025 que esperan el segundo nieto de la pareja, lo que ampliará aún más el círculo de este clan que valora la vida en familia.
Justamente este miércoles, la novia de Thiago compartió en sus historias de Instagram una foto donde están ellos dos junto al Bati e Irina. “Con los Abuelos”, escribió en la imagen. Los Abuelos ya están listos para volver a ser Abuelos y seguir transitando nuevas etapas en su historia de amor, familia y unión.


